FEATURE,Hannah Sotelo
Vivas


Nunca entendí bien para qué servía mi cuerpo. Había escuchado de pequeña que debía de protegerlo, que nadie debía verlo, ni tocarlo. Mi virginidad me haría merecedora del amor un “onvre”. Mi culpa católica me recordaba que debía mantenerlo puro, intacto. Y a pesar del deseo o de las ganas de sentir, yo me lo prohibía, porque me habían hecho creer que el cuerpo de una mujer iba perdiendo valor cada vez que lo tocaban, cada vez que sentía bien, o cuando la gente lo veía. Pasó el tiempo y por rebeldía jugué con la seducción y con la sensualidad, de lo que no entendía absolutamente nada. Porque mi cuerpo estaba lleno de culpas y de castigos, su fin último era complacer, más no sentir. 

Mi proyecto de desnudos ha sido un ejercicio para reencontrarme con mi cuerpo, para ayudarme a recordar que no le debe belleza ni perfección a nadie, que no existe para complacer más que a mi misma. Que tengo un par de piernas y unos brazos, una cabeza que puede llevarme a todas partes, que estoy viva, que soy de carne , que tengo estrias, que mi cuerpo es MÍO y de nadie más. Para recordar que unas tetas grandes no me convierten en una “puta”, que enseñar los pezones o la piel no es un acto sexual. Que el cuerpo desnudo de una mujer puede ser un símbolo de protesta. 

Todas las mujeres que se desnudaron para este proyecto lo hicieron como un acto de rebeldía y de fuerza. Es una muestra de reconocimiento y amor a nuestro cuerpo.

Hoy es un día muy difícil para todas, tengo el corazón apachurrado, toda mi empatía está con las familias de las víctimas, mi corazón está con Fátima y con Ingrid y con todas las que ya no están, pero que nos dieron la fuerza para cambiarlo todo. Que nos abrace la libertad y la paz. Que nos abrace la vida. 

Nos queremos vivas.

Vivas.